lunes, 20 de julio de 2009
sábado, 20 de junio de 2009
sábado, 30 de mayo de 2009
viernes, 29 de mayo de 2009
El día que Córdoba le hablo al país
lunes, 25 de mayo de 2009
La Revolución de Mayo
El presente es una reproducción autorizada y resumida del libro del historiador Norberto Galasso que lleva el mismo nombre y con su estilo simple y profundo, muestra con real impresión la verdadera historia de la Revolución de Mayo.
>> clic para ver todo el material <<
viernes, 15 de mayo de 2009
Hace 20 años nacía la década ‘MNMista’
De todas maneras, contradicción al margen, creímos la necesidad de refrescar la memoria porque en definitiva no deja de ser un eslabón de la historia reciente y negarlo seria negar la realidad de esta argentina que todavía no termina de acomodarse que la sucesión de hechos y la similitud de contradicciones que le han sucedido de la mano de los gobiernos posteriores hasta la fecha, solo han profundizado el modelo iniciado por quien lacónicamente profetizaba que “ramal que para, ramal que cierra” y nos embarcó a la más tremenda decadencia.
El 14 de mayo de 1989 nacía la década que incluyó, privatizaciones, la convertibilidad, la modificación de la Constitución nacional que permitió la reelección presidencial y que dejó terribles cambios en la estructura social, política y económica del país. Nacía la década infame de la mano de quien cínicamente se enmarcó en la tradición peronista de intervención estatal en la economía, el que proponía no pagar la deuda y rechazaba las privatizaciones, el que criticaba a los políticos con contactos en el exterior y llamaba al pacto social.
Nada para recordar ni mucho menos que festejar, sí, mucho para tener en cuenta que desde entonces a la fecha todo sigue igual donde la mentira sigue siendo el bastón de mando de los que se disfrazan de argentinos.
jueves, 7 de mayo de 2009
A 90 años del nacimiento de Evita
Evita habría nacido en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Su padre fue Juan Duarte, un político conservador y estanciero de Chivilcoy, quien tuvo cinco hijos no reconocidos -“ilegítimos”- con la cocinera Juana Ibarguren. Su padre falleció en 1926. En 1930, junto a su madre y sus hermanos, se radicó en Junín. Allí concluyó sus estudios primarios.
Con apenas 15 años, en 1935 se trasladó a Buenos Aires, donde ya vivía su hermano Juan, cinco años mayor. Con perseverancia y audacia, y muchas privaciones, se fue haciendo un camino en el teatro, la radio y luego el cine. En 1942 pudo abandonar las pensiones y comprarse su propio departamento, frente a los estudios de Radio Belgrano, en Recoleta, en la calle Posadas. En agosto de 1943 fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de los trabajadores de la radio.
Primera dama
En enero de 1944 su vida cambiará para siempre. Un terremoto destruyó prácticamente la ciudad de San Juan. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, el poderoso coronel Juan Domingo Perón (viudo desde 1938), impulsó una campaña de solidaridad. El 22 de enero de 1944 en un acto realizado en el estadio Luna Park, se condecoró a las actrices que más fondos habían recaudado en la colecta, encabezadas por Niní Marshall y Libertad Lamarque. Allí Eva, de 24 años, conoció a Perón. Y ya no se separaron más. En febrero ya estaban viviendo juntos en la Recoleta.
Eva siguió su trabajo cotidiano en la radio. Junto a dos radioteatros, trabajaba en un programa matutino que difundía las conquistas sociales y laborales de la Secretaría de Trabajo y actuó en la película «La cabalgata del circo», con Hugo del Carril y Libertad Lamarque. Ese año también resultó elegida presidenta de la ARA.
En octubre de 1945 se produjo la crisis política que llevó al encarcelamiento de Perón y su posterior liberación luego de la movilización hacia Plaza de Mayo. Cinco días después, el 22 de octubre de 1945, se casó con Eva. Al año siguiente asumió su primera presidencia.
“Esa mujer”
Al unir su destino al de Perón, Evita pudo desarrollar una enorme capacidad de trabajo y se transformó en una dirigente de masas. Su esposo encabezaba un movimiento nacionalista burgués que se apoyó en los trabajadores y los sectores populares. Ya desde la Secretaria de Trabajo y Previsión en 1944, Perón impulsó una larga lista de conquistas sociales (aguinaldo, jubilación, fuero sindical, vacaciones pagas, beneficios para los peones rurales, entre otras). Una coyuntura económica muy favorable para la Argentina le permitió al peronismo desarrollar desde el gobierno una política que se tradujo en un mejoramiento del nivel de vida obrero y popular. La contracara de esas conquistas fue la liquidación de la independencia de clase, la sumisión del movimiento obrero a una conducción burguesa y a la conciliación con los patrones, y el creciente dominio de una burocracia sindical totalitaria.
Evita se dedicó a la relación con los gremios y a una amplia labor asistencial para los sectores más pobres. Desde 1948 funcionó, en lo que es actualmente la Facultad de Ingeniería en Paseo Colon, la Fundación Eva Perón. Desde allí se repartieron millones de juguetes, pelotas, alimentos, pensiones y realizaron obras benéficas como hogares de tránsito, colegios, escuelas de enfermería, asilos, policlínicas, colonias de vacaciones, etcétera. Así se fue ganando la adoración popular, tanto por su trabajo cotidiano en la Fundación, como por su discurso antioligárquico y de reivindicación de los pobres, los “grasitas”.
Al mismo tiempo crecía el odio que le tenían la oligarquía y la clase media gorila. No podían soportar su origen plebeyo, su profesión de actriz y su nuevo papel en el gobierno. “Esa mujer” (los contras y conspiradores no la llamaban por su nombre, y la cubrían de epítetos) podía codearse con sindicalistas, trabajadores y humildes desposeídos con la misma naturalidad con que aparecía junto al presidente en las funciones de gala, elegante, enjoyada y hermosa, o hacía una gira triunfal por Europa, recibida hasta por el Papa Pío XII.
En 1947 impulsó la Ley 13.010, de equiparación de derechos políticos de hombres y mujeres, el “voto femenino”. En 1949, ante la reforma constitucional, impulsó que se introdujese la igualdad jurídica de ambos cónyuges en el matrimonio, así como de todos los hijos reconocidos, y que la patria potestad fuera compartida por ambos progenitores. Estas medidas fueron dejadas sin efecto junto a todas las reformas constitucionales de 1949, en el año 1955. La patria potestad compartida recién se recuperó en el año 1985.
En 1950, cuando fue operada de apendicitis, le detectaron un avanzado cáncer de útero. Al año siguiente, la conducción de la CGT propuso que acompañara a Perón como candidata a la vicepresidencia. Ya estaba muy debilitada por la enfermedad. Los militares la vetaron. La fórmula finalmente fue Perón-Quijano.
Mientras Perón comenzaba su segunda presidencia, su agonía iba dando lugar a masivas expresiones de dolor. El 26 de julio de 1952, una transmisión radial en cadena informó: “A las 20.25, la jefa espiritual de la Nación ha entrado en la inmortalidad”. Evita tenía 33 años.
El peronismo y el control totalitario del movimiento obrero
En los años que estuvo al lado de Perón, Evita cumplió un papel fundamental en la formación de un aparato sindical burocrático que impuso un verticialismo totalitario sobre el movimiento obrero. La central obrera funcionaba en los hechos como un ministerio más. Entre 1947 y 1952 encabezó la CGT un sanjuanino prácticamente desconocido, José Gerónimo Espejo, un “empleado” de Evita. Cumpliendo con las tareas que le adjudicó Perón, ella era quien manejaba férreamente a los burócratas que se habían instalado en los sindicatos. Así lo analizaba nuestra corriente*:
“En todo este proceso [de verticalismo burocrático] jugó un papel importante Evita. […] Nosotros coincidimos con Perón cuando dijo lo siguiente en un reportaje que le hicieron en 1970: «Vea, le voy a decir yo: Eva Perón era un producto mío. Yo la he preparado. Indudablemente que yo la necesitaba a ella en el sector en que yo veía la debilidad de nuestro sistema social.» (Panorama, abril 1970).
“Pero creemos necesario agregar algo más. Evita fue parte del engranaje de control cegetista. Ministra sin cartera, a través de su dominio del aparato burocrático de la Fundación Evita y de la Secretaría de Trabajo y Previsión controlaba no sólo a los Espejo, sino a los dirigentes de los gremios más importantes. Por eso creemos que la descripción que hicimos de Evita en 1973 hoy sigue siendo válida. «Evita jugó un papel importante en este engranaje; su carácter plebeyo, por el cual era odiada por toda la oligarquía y la pequeña burguesía, y su paternalismo hacia los sectores más atrasados del proletariado, estuvieron al servicio del control totalitario del movimiento obrero. Fue el aspecto emotivo, demagógico, de ese proceso de degeneración que reemplazó la lucha de clases por las concesiones otorgadas desde arriba.”
Vía: El Socialista Nº 135
viernes, 1 de mayo de 2009
Día de los trabajadores
1) Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
2) Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3) Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana que será completada, en caso necesario, por cualquiera otro medio de protección social.
4) Toda persona tiene derecho a fundar sindicato y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
LA MASACRE DE PLAZA LOREA
El Congreso Obrero y Socialista reunido en París, en julio de 1889, había decidido “organizar una manifestación internacional con fecha fija, de manera que, en todos los países y ciudades a la vez, el mismo día convenido, los trabajadores intimen a los poderes públicos a reducir legalmente a ocho horas la jornada de trabajo y a aplicar otras resoluciones del Congreso Internacional de París” (Actas de la II Internacional, publicadas en El Obrero, selección de textos, CEAL, Buenos Aires, 1985). La fecha acordada fue el 1º de mayo de 1890, en homenaje a los mártires de Chicago, ejecutados por realizar una marcha similar en 1886. En nuestro país, ese día de 1890, tres mil obreros, en su gran mayoría inmigrantes, se reunieron en el Prado Español. También hubo manifestaciones en Bahía Blanca, Rosario y Chivilcoy.
La clase obrera argentina daba sus primeros pasos. A la formación de sindicatos, le siguieron las organizaciones anarquistas y socialistas, periódicos obreros y bibliotecas, llevadas adelante por obreros pobrísimos, desgajados de su medio de origen, que en muchos casos ni siquiera hablaban castellano y vivían condiciones de explotación inhumanas, apoyados apenas por un puñado de jóvenes intelectuales que también hacían sus primeras lecturas, a veces confusas y balbuceantes, de los teóricos del marxismo y del anarquismo.
La respuesta del Estado fue la represión. En 1904 dictó la tristemente célebre “Ley de Residencia”, que autorizaba a expulsar sumariamente del país a todo “agitador”. Las huelgas eran ferozmente reprimidas. Pero un capítulo particular fue la feroz saña con que se reprimió el esfuerzo constante y heroico de conmemorar, cada año, el 1º de mayo como Día Internacional de los Trabajadores. Un hecho gravísimo ocurrió en 1904, cuando una inmensa manifestación convocada ese día por la FORA (Federación Obrera de la Región Argentina) fue ferozmente atacada con el saldo de dos muertos y 24 heridos. En 1905, cuando el acto había sido corrido al 21 de mayo, debido al estado de sitio, una manifestación autorizada por la policía “con la condición de que no se enarbolara ninguna bandera roja”, también fue reprimida y hubo otros dos muertos y 20 heridos.
El 1º de Mayo de 1909
Ese día estaban convocados dos actos. A las cinco de la tarde debía comenzar la concentración organizada por los anarquistas en Plaza Lorea (hoy parte de Plaza Congreso). Poco antes de que empiecen a hablar los oradores, el Jefe de Policía en persona, Coronel Ramón L. Falcón, dio la orden de disolver el acto. El escuadrón de seguridad, a las órdenes de su jefe Jolly Medrano, ataca a caballo a la multitud, a sablazos y tiros de revólver. Matan a ocho obreros y hieren a 40, varios de ellos de gravedad. Algunos miles huyen corriendo por lo que hoy es la Avenida de Mayo hacia 9 de Julio. Ahí se encuentran con una columna de aproximadamente 20.000 personas: era la convocatoria socialista, que se había concentrado en Constitución y marchaba hacia Plaza Colón (atrás de la Casa de Gobierno) para realizar su acto. La noticia de la represión corrió de boca en boca. Una multitud, ahora enorme, engrosada por los anarquistas que llegaban de Plaza Lorea, marchó en absoluto silencio hasta Plaza Colón, con paños negros sobre las banderas rojas socialistas.
La policía reforzó sus batallones de caballería pero, ante semejante multitud, no se atrevió a actuar. Al llegar al lugar donde estaban levantadas las tribunas de lo que iba a ser el acto socialista, los oradores proponen “la declaración de la huelga general por tiempo indefinido como desagravio a la clase obrera, ofendida en las víctimas de Plaza Lorea y para exigir la renuncia del jefe de policía y el castigo de todos los responsables de la masacre”. Se alzan decenas de miles de manos y la propuesta es aprobada por aclamación. Dardo Cúneo, testigo de los sucesos, relata: “entre los que han llegado hasta los socialistas desde la Plaza Lorea con las noticias del crimen policial, un muchacho pugna por abrirse paso... en la mano aprisiona un pañuelo ensangrentado. Esta es la sangre de los hermanos que cayeron allá. va diciendo en su dicción extranjera… en la mano agitaba el pañuelo ensangrentado. Después se sabría -los diarios publicarían su retrato- que aquel muchacho se llamaba Simón Radowitzky” (Juan B. Justo, Editorial América Lee, Buenos Aires, 1943).
La huelga general de la semana de mayo
El paro comienza de inmediato. Será total en la Capital Federal y con alta adhesión en el interior del país. Se cumple una semana de huelga general. No hay trenes, no circulan los tranvías, los comercios permanecen cerrados. Se calcula en 200.000 el número de obreros en huelga. El gobierno busca quebrarla con la represión. La ciudad es ocupada por el ejército para reforzar a una policía desbordada. Para evitar las asambleas son clausurados los locales obreros pero las reuniones se realizan igual, en la calle. Cientos de militantes gremiales y políticos, anarquistas y socialistas, son encarcelados. Se persigue a los que distribuyen La Vanguardia y La Protesta, diarios socialista y anarquista, respectivamente, que dan cuenta de la huelga. Finalmente, el día 8, el Comité Ejecutivo del Partido Socialista, que durante toda la semana había hecho llamamientos a “la moderación de los obreros” pero que se había encontrado totalmente desbordado por la base, retoma el control de la situación. Se reúne con el gobierno y obtiene del presidente del Senado la garantía de que una reunión en el sindicato de cocheros va a ser “autorizada”. Y que si se levanta la huelga se liberará a los presos y se permitirá la reapertura de los locales. Las direcciones del movimiento obrero aceptaron la “negociación” ofrecida por el gobierno. El movimiento huelguístico va a terminar dos días después, el 10 de mayo. Muchos obreros retoman el trabajo con fuertes rencores hacia sus direcciones. Se había levantado la huelga sin obtener la principal reivindicación: la renuncia del jefe de policía.
Seis meses después…
El 14 de noviembre de 1909, aquel joven obrero anarquista, Simón Radowitzky, hace justicia por mano propia, arrojándole una bomba al carruaje del jefe de policía Falcón, que muere en el acto. Esa misma noche se decreta el estado de sitio en todo el país, desatándose nuevamente una brutal represión contra el movimiento obrero. Centenares de militantes fueron puestos “bajo la ley de residencia” y deportados sin siquiera avisárseles a sus familias. Otros tantos fueron encarcelados y apaleados, los locales obreros fueron nuevamente clausurados y bandas policiales atacaron las imprentas de La Vanguardia y La Protesta e inutilizaron las máquinas impresoras, para impedir la salida de esos periódicos. Simón Radowitzky es apresado y condenado a cadena perpetua en el penal de Ushuaia (será indultado en 1929). El estado de sitio recién fue levantado el 13 de enero de 1910. Pero el año del Centenario estará recorrido por una ola impresionante de huelgas obreras, incluyendo una el mismísimo día de la conmemoración, el 25 de mayo de 1910, y también por una fuerte ola represiva, que culminó con la sanción de la ley 7029 de “Defensa Social”, la pieza jurídica más antiobrera de la historia argentina.
Un siglo de luchas
Se cumplen cien años de la masacre de Plaza Lorea. A partir de 1909 la clase obrera tendrá nuevas luchas, triunfos y derrotas. Y más mártires. Poco tiempo después se vivirán las jornadas de la Semana Trágica y de la Patagonia Rebelde. Décadas más adelante vendrán las víctimas de la llamada Revolución Libertadora, como los fusilamientos de José León Suárez magistralmente denunciados por Rodolfo Walsh. Y después las víctimas de las Tres A de Isabel y López Rega, y los 30.000 desaparecidos. Aún más cerca en el tiempo, los muertos del Argentinazo, Puente Pueyrredón, Fuentealba, la segunda desaparición de Julio López. La lista es enorme. Es parte de la historia de la clase trabajadora argentina. Por eso el 1º de Mayo, al que muchos quieren endulzar en una idílica “Fiesta del Trabajo”, es una cita de honor. Hay que estar en la calle, levantando orgullosamente la insignia internacional de la clase obrera, como en 1890, como en 1909, hoy y siempre.
Vía: El Socialista






